Brasil. Después de 64 años, en el área donde surgieron las Ligas Campesinas, rinden homenaje a Elizabeth Teixeira

Por Lorenzo Santiago /Brasil de Fato /Resumen Latinoamericano, 6 de febrero de 2026.
El MST celebró los decretos del gobierno y calificó la medida de «simbólica» | Crédito: Evaristo Sá/AFP
Los campesinos sustituirán el monocultivo por la agricultura familiar en la antigua hacienda Antas, donde murió João Pedro Teixeira.
Tras 64 años de lucha, 21 familias de Paraíba lograron el Asentamiento Agroextractivo Elizabeth Teixeira, en la Hacienda Barra das Antas . La regularización del territorio fue formalizada por el Ministerio de Agricultura, Desarrollo Agrario y Agricultura Familiar el jueves (5). El área se ubica en la Hacienda Antas, entre los municipios de Sapé y Sobrado, Zona da Mata Paraibana, y es la cuna de las Ligas Campesinas de la región.
Con 133,4 hectáreas, la cesión del asentamiento es el resultado de una lucha que ha durado más de seis décadas. João Pedro Teixeira fue uno de los líderes de las Ligas Campesinas de Sapé. Fue asesinado en 1962, y su esposa, Elizabeth Teixeira, asumió el liderazgo del movimiento, luchando por la reforma agraria en la región. Toda esta trayectoria quedó plasmada en la película «Cabra Marcado para Morrer» (Un hombre marcado para morir), de Eduardo Coutinho, estrenada en 1984.
El nombre del asentamiento rinde homenaje a Elizabeth, quien cumplió 100 años en 2025. Una semana antes de cumplir 101, asistió al evento de formalización de tierras y celebró el logro: «¡Viva la reforma agraria!».
Una vez publicado el decreto por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra), se realizará un proceso de selección para incluir a las familias como beneficiarias del programa de reforma agraria.
Con el tiempo, el núcleo de las Ligas Campesinas de Sapé llegó a contar con unos 10.000 miembros. Elizabeth perdió a sus hijos y fue perseguida por la dictadura militar. En 1964, su casa fue incendiada y pasó ocho meses encarcelada en un cuartel militar. Tras su liberación, continuó bajo la vigilancia de la dictadura y sus compañeros activistas le aconsejaron que se exiliara en Recife. Encontrada por la policía en varias casas donde intentó refugiarse, logró esconderse en Rio Grande do Norte.
La lucha en la finca Antas movilizó a unas 800 familias que exigían la distribución de tierras improductivas. Este grupo es un remanente de las Ligas Campesinas y aún solicita su inclusión en el programa. La reanudación de la lucha por la reforma agraria en la finca fue impulsada por las 21 familias que ahora están incluidas en el proceso de expropiación.
Alani Lima, presidenta del Memorial de las Ligas Campesinas de Paraíba, afirma que esta celebración no pone fin a la lucha por la reforma agraria en la región, sino que es simbólica porque se refiere a un territorio que ha sido objeto de décadas de disputa marcada por la violencia. Afirma que esta expropiación es insuficiente para satisfacer las demandas de la lucha, pero resulta simbólica en comparación con el contexto del activismo desde la década de 1950.
Hablamos de la cuna de la reforma agraria, que es la finca Antas. Son campesinos que necesitan la tierra para sobrevivir. Imaginen otras zonas que no cumplen su función productiva, ambiental o social. Entonces, es una forma de garantizarle a la gente, a las familias campesinas, la esperanza de recuperar su tierra, su pedazo de suelo, afirmó.
Juliana Teixeira, nieta de Elizabeth, participó en la ceremonia de entrega de tierras del Ministerio de Agricultura. Declaró que Elizabeth es una figura fundamental en la lucha por la tierra y la reforma agraria en Brasil. Según Juliana, honrar a su abuela en este momento es un recordatorio de que la reforma agraria está hecha de tierra y gente, pero también de conciencia y memoria para mantener viva la lucha.
Ministro Paulo Teixeira entrega a doña Isabel Teixeira el decreto que crea el asentamiento que lleva su nombre | Foto: Albino Oliveira, Ascom/MDA
Ministro Paulo Teixeira entrega a doña Isabel Teixeira el decreto que crea el asentamiento que lleva su nombre | Crédito: Albino Oliveira, Ascom/MDA
Al mantener vivas las Ligas Campesinas tras el asesinato de João Pedro Teixeira, transformó el dolor en valentía y la historia de una familia en una causa social. Demostrando que la reforma agraria no es un beneficio, sino justicia histórica y dignidad para quienes trabajan la tierra, dijo Juliana.
Con la expropiación, las familias esperan comenzar a producir alimentos y transformar el monocultivo de caña de azúcar en agricultura campesina familiar. Solicitan acceso a líneas de crédito del Ministerio de Agricultura en el marco del Plan Cosecha.
“No basta con dar la tierra; también hay que dar crédito, vivienda, medios de subsistencia y medios de producción. Así que la perspectiva es tener producción, alimentar a la sociedad brasileña con la calidad de la reforma agraria que surge de las ligas campesinas, de la cuna de las ligas campesinas”, dijo Alani Lima.
El ministro de Desarrollo Agrario y Agricultura Familiar, Paulo Teixeira, también participó en el evento y recordó los logros de la reforma agraria durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT). Según Teixeira, el objetivo del gobierno es fortalecer los asentamientos en los próximos meses.
«Vamos a asentar cinco mil familias en los estados de Maranhão, Paraíba y Pernambuco, y crear una gran área reformada con irrigación entre Bahía y Pernambuco, dentro del perímetro irrigado de São Francisco», afirmó.
Ligas Campesinas y el Memorial
Barra de Antas, cuna de las Ligas Campesinas, experimentó intensos conflictos agrarios entre las décadas de 1950 y 1960, liderados por figuras como João Pedro Teixeira y Elizabeth Teixeira. En 1997, la ocupación de la Hacienda Antas reavivó este espíritu de lucha, dando lugar a la creación del asentamiento Elizabeth Teixeira. Desde entonces, el territorio se ha consolidado como un espacio de memoria y resistencia, convirtiéndose en un referente en la defensa de la reforma agraria y los derechos humanos en el campo.
El Memorial de las Ligas y Luchas Campesinas, ubicado en Sapé, en la región de la Zona da Mata de Paraíba, desarrolla acciones que van más allá de la preservación documental. Talleres, círculos de memoria, visitas guiadas y la recopilación de testimonios conforman un archivo vivo que conecta el pasado y el presente, fortaleciendo la identidad local y expandiendo el alcance de las luchas campesinas a las nuevas generaciones.
Fuente aquì
2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora, desde campesinas hasta científicas agrícolas

Según la FAO, las mujeres representan el 36 % de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios latinoamericanos y caribeños
Trabajan mucho, pero con frecuencia ganan menos y sienten los impactos climáticos con mayor intensidad que los hombres. Aunque su situación laboral no es la ideal, las mujeres agricultoras “son indispensables en todas las cadenas de valor agroalimentarias ⎼desde la producción y elaboración hasta la distribución y el comercio⎼ y desempeñan un papel central en la seguridad alimentaria y la nutrición de los hogares”, sostiene la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).
Para la FAO, las “agricultoras” son todas aquellas mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios, independientemente de sus capacidades, los segmentos de las cadenas de valor en los cuales se desenvuelvan o si forman parte del sector formal o informal de la economía. Incluye, por ejemplo, a las agricultoras, productoras, campesinas, pescadoras y trabajadoras de la industria pesquera, así como a las apicultoras, pastoras, silvicultoras, comerciantes, empresarias rurales y a las que se desempeñan en el ámbito de las ciencias agrícolas. La FAO tampoco distingue si son jóvenes, mayores, indígenas, de comunidades locales, con discapacidad, refugiadas o desplazadas.
Realidad y reformas
2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en 2024. La campaña mundial es coordinada por la FAO y otros organismos de la ONU como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Dos son sus objetivos principales: mostrar la realidad de las agricultoras e impulsar reformas en las políticas y las inversiones para avanzar en la igualdad y equidad de género.
Esta es la realidad, que no todos conocen: las mujeres rurales representan casi el 40 % de la fuerza laboral agrícola mundial, pero poseen únicamente el 15 % de la tierra, reciben menos ingresos que los hombres y registran pérdidas de cultivos del 3 % por día de calor extremo en comparación con los hombres.
En América Latina y el Caribe, las mujeres representan el 36 % de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios. Además, el 71 % de las mujeres trabajan en sectores no agrícolas como procesamiento de alimentos, comercialización y ventas. En 14 países de la región latinoamericana y caribeña, más de la mitad de los trabajadores en manufactura de alimentos (55 %) y comercio (52 %) son mujeres.
Aportes desde la ACFIMAN
En general, la participación de las mujeres agricultoras “sigue estando infravalorada y sus condiciones laborales suelen ser más precarias: empleos irregulares, informales, a tiempo parcial, con salarios bajos, condiciones de mano de obra intensiva y gran vulnerabilidad”, afirma la FAO.
Además del Año Internacional de la Mujer Agricultora, en 2026 también se celebra el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, en sintonía con el Decenio de las Naciones Unidas para la Agricultura Familiar 2019–2028.
La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN) impulsa programas entrelazados con los sistemas agroalimentarios venezolanos y sus actores, a saber: Seguridad Alimentaria, Cambio Climático, Aguas y Energía. Siendo su misión principal la promoción, integración y difusión del avance del conocimiento científico y tecnológico del país en el marco de la universalidad del saber, la ACFIMAN contribuye a la creación de conocimiento científico y tecnológico y vela por su uso en función del bienestar social y el desarrollo sustentable.
Fuente aquì
LA GENTE DE LA TIERRA EN 2026. PATRIOTAS IMPORTADOS; NATIVOS SIN OREJAS

por Wenceslao Villanueva (aymara)
Claramente mis abuelos habitantes del trópico de capricornio de ABYA YALA (América del Sur), me enseñaron que un puñado de hojas de coca lanzado al viento, me hará conocer algunos acontecimientos del futuro; y que al mismo tiempo, estas hojas serían mi alimento para soportar el cansancio y tranquilizar mi dolor. Pero, si algún extraño quisiera hacer lo mismo con esas hojas, le sucedería todo lo contrario; su jugo, que para nosotros es la fuerza y la vida, para ellos serán el vicio repugnante y su cruel tortura.
Para este escrito, me tomé una licencia de mi raíz cultural, munido de mi AKHULLICO (coqueo), para sumarme a las huestes de mis hermanos mapuche, hijos de la Araucaria (Pehuén), con quienes los Aymara siempre tuvimos intercambios comerciales y culturales desde milenios. En mi caso personal, recuerdo que en 2001, en un Ngillatun de "Anekón Grande", Ing. Jacobacci - Río Negro (que duró cuatro días); propuse a las Pillán Kushe y al Sarkento Prafil que si algún día llegara a ocurrir algún suceso a sus comunidades, yo estaría como un peñi más para su custodio.
Así George Orwell (1944), planteaba que "la historia la escriben los vencedores"; y Litto Nebbia lo reedita en su obra QUIEN QUIERA OÍR, QUE OIGA, con la frase: "si la historia la escriben los que ganan; eso quiere decir que hay otra historia". Desde esa óptica, quiero repensar a esa otra historia; a esa historia que se reconfigura en nuestro imaginario como indígenas; desde la otredad; desde los intersticios invisibles de una estructura negacionista; donde no hay cabida para otra cultura que no sea la ganadora; Así, mi gente mapuche se fue quedando de a poco suspendido en otra dimensión, junto a KAI-KAI-VILU (serpiente con poder para dominar el mar) y XEN-XEN VILU (serpiente con poder para dominar la tierra, y sus volcanes).
Justo en este tiempo, gran parte de mis hermanos mapuche, están siendo hostigados y estigmatizados como TERRORISTAS Y EXTRANJEROS por un grupúsculo muy arraigado a la argentinidad de la Generación del año 1880 del siglo XIX (con vasta influencia académica occidental), quienes habrían cimentado profundamente el ODIO hacia el indio. Que ocasionó la vulneración de los derechos humanos básicos y la anulación sistemática de cada una de las comunidades indígenas que todavía subsiste en la zona pampeana y patagónica; y donde se instalaron muchas colectividades extranjeras (anglosajonas y latinas), apropiándose de los territorios nativos (con montañas y lagunas), durante el siglo XX; quienes todavía aducen que la "Ñuke Mapu (Madre Tierra en Mapuche), es una supuesta "tierra prometida" para esas mentes usurpadoras y colonialistas de origen europeo.
Durante el Gobierno de Adolfo Alsina (1876), se construyó una gigantesca trinchera llamada "Zanja de Alsina", excavada a lo largo de la Pampa (desde Nueva Roma, cerca de Bahía Blanca; hasta Italó, en el Sur de Córdoba); dicha zanja de 3 m de boca por 2 de profundidad, tenía una extensión real de 400 km, que había sido proyectada desde el Ministerio de Guerra y Marina del Gobierno Federal, instalando una frontera, lo que hacía imposible el avance de los indígenas hacia los centros poblados. En ese tiempo, también entró a jugar un papel crucial la congregación Salesiana de Don Bosco (llegados a la Argentina en 1875), con su plan concreto de adoctrinar y evangelizar INFIELES en la Patagonia; entre tanto, la iglesia católica, eclipsaba al mundo sobre los acontecimientos con los pueblos indígenas, con un gesto de reverencia hacia la salud de un niño mapuche de Rio Negro (Ceferino Namuncurá).
La Isla Martín García es cruel testigo del sufrimiento de miles de almas indígenas condenadas a picar piedras (1871-1886). Las familias traídas desde la llanura pampeana y las provincias de la Patagonia Norte: Neuquén, Norte de Río Negro, La Pampa y el Sur de Buenos Aires nunca más volvieron a su tierra de origen.
Según escritos, las primeras campañas militares modernas en contra de los indígenas fueron realizadas por el general Martín Rodríguez , siendo gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1820 y 1824. Continuó Bernardino Rivadavia quien se dedicó a hacer la guerra a los indios . En 1826 se sumó a este funesto proyecto el prusiano Friedrich Rauch, apodado "EL CARNICERO RAUCH". Un Informe Oficial de la Comisión Científica del Ejército Argentino registra que en 1879 el tucumano Alejo Julio Argentino Roca (Ministro de Guerra y Marina) inició oficialmente la campaña militar. Resultado: 14.000 hombres muertos; 10.539 mujeres y 2.320 niños tomados prisioneros. Los sobrevivientes fueron enviados a Buenos Aires, regalados y entregados como servidumbre a las familias adineradas. De esa manera Roca se ganó el título de CONQUISTADOR DEL DESIERTO.
El Congreso Nacional del 13 de septiembre de 1878, proponía claramente la "absorción y asimilación" del indio. Y las crónicas de ese tiempo cuentan que: "la carnicería que se ha hecho con los indios fue bárbara y salvaje (...) esos indios fueron encerrados en un corral y fusilados así como animales y peor que animales". Las formas de ultimar a los indios eran: la horca, la hoguera, el garrote o la decapitación. Schoo Lastra, Dionisio en su obra EL INDIO DEL DESIERTO (1928) escribe: "causaba impresión ver a los convoyes llegar a Buenos Aires repletos de indios prisioneros y encadenados cruzando las calles de la ciudad, rumbo a los cuarteles o a la isla Martín García (...) eran tantos detenidos que desbordaban esos cuarteles de Retiro, del regimiento de Palermo, el corralón municipal del Once y la municipalidad".
El 13 de agosto de 2017 "Tiempo Argentino" publicó una nota de Javier Borelli en la que se afirma que «El gobierno está buscando un enemigo interno en los mapuches» "y la ministra Patricia Bullrich lo dijo claramente: para ella, el pueblo mapuche es un problema para la seguridad nacional." A siete años y con Patricia Bullrich nuevamente en el gobierno la situación se mantiene igual. Siempre en desventaja para los auténticos dueños de la tierra y en ventaja para los extranjeros como Bennetton y Lewis.
En 1881 el teniente Jorge Rohde justificaba este genocidio: "era necesario convertir a los indios en trabajadores, única condición bajo la cual podían reclamar derecho de existencia." En su momento, la recompensa fue abierta a incursionistas y aventureros a quienes se pagaba: "UNA LIBRA ESTERLINA POR UNA OREJA DE INDIO; y media libra por la de un niño". Durante esos años (1871-1886), la Isla Martín García pasó a ser el destino final de miles de aborígenes, que fueron confinados a picar piedras hasta perecer. Esas piedras sirvieron para adoquinar las calles de las ciudades importantes de la región. Además, esta Isla fue uno de los puntos desde donde se enviaron indígenas para la explotación del quebracho y la zafra. También se los envió como soldados o marinos sumisos para servir en el Ejército o la Armada.
Así Domingo Faustino Sarmiento autor de la Ley de Educación 1420 (año1884), planteaba un solo camino que era CIVILIZACIÓN O BARBARIE; de esa manera, los indígenas quedaban fuera; a quienes no se los consideraba siquiera dignos de ser educados; como así también aconsejaba "que no economizara sangre de gauchos, que sólo sirve para abonar la tierra" (carta de Sarmiento a Mitre - 1861). Esta política fue estrictamente implementada por el grupo de la Generación del 80’ y el Partido Autonomista Nacional – PAN, quienes intensificaron su proyecto político 20 años más, continuando con las incursiones militares, en base al fraude electoral, la intimidación y la violencia. En un informe militar de la época, detalla que: "el presidente Avellaneda (1874 - 1880) solicitó niñas de entre 10 y 12 años, y "una india sana y robusta que tenga 20 años", dando a entender que la pedofilia y trata de blancas era habitual en ese momento.
Después de tanta barbarie; una lamngen, Ivana Noemí Huenelaf, mujer originaria, madre y abuela descendiente mapuche-tehuelche hija de la Puelmapu; tras el precedente del caso de la Masacre de Napalpi, decidió presentar un reclamo penal el 16/08/2022, para ejercer el derecho humano irrenunciable a saber la verdad sobre los hechos aberrantes cometidos entre los años 1871 y 1886 por el Estado Argentino que se denominó la CAMPAÑA DEL DESIERTO; siendo una acción política que arrasó con sus propios antepasados, proyectándose hasta la actualidad sobre ella misma. La causa quedó radicada en el Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal Nº 3, a cargo del Dr. Daniel Rafecas con asiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Tribunales de Comodoro Py de Retiro) con la intervención del Fiscalía Federal Nº 7 del Dr. Ramiro González.
La Oficina del ACNUDH (2006) expresa que el derecho a conocer la verdad acerca de las violaciones manifiestas de los derechos humanos y las infracciones graves de las normas de derechos humanos es un derecho autónomo e inalienable, vinculado a la obligación y el deber del Estado de proteger y garantizar los derechos humanos, realizar investigaciones eficaces y velar para que haya recursos efectivos y se obtenga reparación; bajo el marco de la figura de GENOCIDIO, en base a la valoración de documentos públicos, intercambios epistolares, informaciones periodísticas y expresiones vertidas en actos públicos y estatales por altos funcionarios del Estado. Según el CONICET, este "hecho" no puede ni debe ser ignorado por el poder judicial, al contrario, éste último hace rato que debió actuar de oficio, atento a que gran parte de esa información está disponible y se encuentra dentro del repositorio oficial de la ciencia estatal.
El Gobierno Nacional, desentendido sobre el tema, venía celebrando el "Día de la Conquista del Desierto" como un hito importante, sellando en sus monedas fuertes la imagen de dicha conquista. Hay historiadores y revisionistas argentinos que responden a una memoria selectiva y maliciosa de la Historia: aseguran que las culturas antiguas de Abya Yala (América Profunda) fueron ‘subhumanas’. Esta falacia se quiebra, cuando encontramos en el camino denuncias permanentes en obras visuales. Y también en obras del género musical, como AMUTUY (Vámonos en lengua mapuche), de Marcelo Berbel que reflexiona "¿qué conquista festejan, que no puedo entender?". O frases como "patriotas importados, nativos sin orejas" en la obra "HUELGA DE AMORES" de la banda Divididos, que nos retrotrae a la historia de las valerosas mujeres indígenas de Nicaragua. O la frase de la canción "CINCO SIGLOS IGUAL" de León Gieco: "en esta parte de la tierra, la historia se cayó".
Una frase muy resonante de Eduardo Galeano plantea: "todos los habitantes en América tenemos sangre indígena: unos en las venas y otros en las manos". Esto conmueve hasta los tuétanos por lo que hay que elegir en qué lado estar. De esa manera apelo a un acercamiento sincero entre la corriente de herederos directos de los arquitectos de la GENERACIÓN DEL 80’ y los REFERENTES DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS en particular Mapuche. A fin de cotejar un encuentro sobre el genocidio perpetrado en nombre de la civilización. No quiero dejar de lado el aporte de Osvaldo Bayer en su película documental AWKA LIWEN, donde denuncia esa situación. Y repudia a J. A. Roca "que no tiene perdón de dios" lamentando "que la Argentina esté parada sobre un territorio agrícola y ganadero logrado en base a la eliminación de cientos de miles de almas indígenas".
Con esta se pretende hacer un llamado a todos los seres de bien y a las instituciones que hacen investigación histórica seria en la Argentina, a fin de generar un sincero revisionismo sobre la campaña de exterminio de la sociedad Mapuche entre 1871 y 1886; las cuales no fueron gratuitas, cada expedición o incursión redituó económicamente a muchas familias llamadas patricias, que aún hoy, son las herederas del poder y la fortuna de sus ascendientes. Quizás, si lográramos "enternecer" al Poder Judicial, encontraríamos una nueva manera de saldar deudas. Lo cual serviría para desagraviar a esas almas en pena que todavía aún circulan y que nunca tuvieron descanso en todo este Territorio Querandí. Así también se evitaría a que KAI-KAI-VILU y XEN-XEN VILU emerjan de su letarguía para hacer justicia; y calmar a la gente = che, tierra = mapu (gente de la tierra), que permanentemente invocan a los cuatro puntos cardinales, con sus kultrunes, Xuxukas y su voz ronca, gritando ¡Marichiweu, Marichiweu!
Wenceslao Villanueva
JUAN MANUEL DE ROSAS Y LOS PAMPAS
por Ricardo Luis Acebal
Millones de argentinas y argentinos repiten mentiras que difunden los medios de comunicación y la web involucrando a Juan Manuel de Rosas entre los que masacraron a nuestros aborígenes. Fundamentalmente esas mentiras se basan en la historia falsa que se enseña en nuestras escuelas de nivel primario y medio y aún en las universidades. El padre de esas mentiras es Bartolomé Mitre, con quien colaboran algunos "historiadores" actuales. Los documentos investigados por verdaderos historiadores (como Fermín Chávez, José María Rosa...) demuestran lo contrario. A modo de ejemplo:
Juan Catriel:
"Juan Manuel es mi amigo. Nunca me he engañado. Yo y todos mis indios moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien..." Discurso del cacique pampa CATRIEL en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al poder en su segundo gobierno. Extraído del libro "Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA. Bs. As. 1975.
Nicasio:
"Que él había acompañado en cinco campañas a Juan Manuel y que siempre había de morir por él porque Juan Manuel era su hermano y el padre de todos los pobres". Parte del discurso del Cacique Nicasio en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al gobierno por segunda vez. Extraído del libro "Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833" Recopilado por Adolfo Garretón. Edit. EUDEBA.
Cipriano Catriel:
"Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos". Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro "Roca y Tejedor" de Julio A. Costa.
Cacique Pincén:
Rosas apeló una vez a un humanitario "chantaje" al obligar a los indios vacunarse antes de recibir "suministros" que había comprometido el gobierno. Así lo atestigua Pincén cuando relata que "...Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió de ser porque no hubo más viruela por entonces..." (J.M.Rosa,Hist.Arg.t.VIII).
Fuente aquí
Cuando el campo cambia, las comunidades sienten el impacto

9 enero, 2026
Durante más de tres décadas, el agro argentino atravesó un proceso de concentración productiva que redujo la cantidad de explotaciones. En el partido de Trenque Lauquen, estos cambios estructurales dejaron huellas en la vida social rural. Frente a ese escenario, una red de comunidades del noroeste bonaerense emerge como experiencia colectiva para reconstruir vínculos, fortalecer la organización local y pensar nuevas formas de habitar la ruralidad.
Las transformaciones del sector agropecuario argentino no solo se miden en hectáreas, rindes o escalas productivas. También se expresan en la vida cotidiana de los pueblos rurales, en la pérdida de habitantes, en escuelas que cierran, en instituciones que se debilitan y en la salida de productores familiares que durante generaciones dieron forma al entramado social del territorio.
Según se desprende de la memoria técnica elaborada por la Estación Experimental Agropecuaria de General Villegas del INTA, a partir del análisis de los Censos Nacionales Agropecuarios (CNA), en las últimas décadas se consolidó un proceso sostenido de cambios estructurales a nivel nacional y provincial: menos explotaciones agropecuarias (EAP), unidades productivas cada vez más grandes y una creciente concentración de la tierra. En la provincia de Buenos Aires, el número de EAP se redujo más de un 40% en las últimas tres décadas.
El partido de Trenque Lauquen no fue ajeno a esta dinámica. Por el contrario, los registros censales analizados en dicha memoria técnica del INTA muestran que entre 1988 y 2018 la cantidad de explotaciones cayó de 822 a 441, una disminución del 46%, en línea —e incluso por encima— de la media provincial. Al mismo tiempo, la superficie media por explotación aumentó de manera sostenida, reflejando un proceso de consolidación de unidades medianas y grandes y una pérdida de las explotaciones más pequeñas.
Este reordenamiento productivo tuvo consecuencias que exceden lo económico. La disminución de la tenencia de la tierra por propiedad y el aumento de la superficie arrendada modificaron los vínculos entre productores y territorio, debilitando el arraigo y profundizando procesos de migración rural-urbana. La salida de productores familiares, presionados por márgenes cada vez más ajustados, mayores exigencias tecnológicas y cambios en las formas de producción, impactó en la sustentabilidad del entramado agrario tradicional.
Desde una mirada social, estos cambios explican en gran medida el despoblamiento rural que atraviesa buena parte del noroeste de la provincia de Buenos Aires. La pérdida de población no solo implica menos habitantes, sino también una reducción de la capacidad de organización comunitaria, de la vida institucional y de la posibilidad de pensar proyectos colectivos a largo plazo. En muchas localidades, las iniciativas de desarrollo se dieron de forma aislada, sin articulación ni participación activa de los actores locales.
Desde marzo de 2024, distintas instituciones comenzaron a trabajar de manera conjunta en el Proyecto Local “Red de comunidades rurales del noroeste de la provincia de Buenos Aires”, impulsado por las Agencias de Extensión de la EEA General Villegas, la Oficina de Información Técnica Carlos Casares, la Universidad Nacional del Sur y con la participación activa de referentes locales.
El proyecto involucra a las comunidades de Magdala, Bellocq, Bayauca, Santa Eleodora, Beruti, Lértora, Girodias y Victorino de la Plaza, con el objetivo de contribuir a la innovación territorial y al desarrollo rural a través del trabajo en red entre instituciones públicas, privadas y actores de la sociedad civil.
La propuesta se apoyó en una metodología participativa, comenzando por la conformación y capacitación de equipos de trabajo locales. En cada localidad se presentó el proyecto, se realizó un diagnóstico participativo y se relevaron datos sociohabitacionales mediante encuestas a nivel de hogares. Los resultados fueron analizados y devueltos a las propias comunidades, promoviendo la reflexión colectiva y la construcción de consensos.
A partir de estos encuentros, se fortalecieron los lazos entre los actores locales y se generaron intercambios entre comunidades que, hasta entonces, compartían problemáticas similares pero escasos espacios de articulación.
Las conclusiones de esta experiencia muestran que, frente a procesos estructurales que tienden a concentrar la producción y vaciar el campo, el fortalecimiento del entramado socioinstitucional aparece como una herramienta clave para sostener la vida rural. Las comunidades rurales, lejos de ser un vestigio del pasado, se presentan como una oportunidad para revalorizar recursos locales, promover capacitaciones, mejorar la comunicación y generar proyectos comunitarios que habiliten otras maneras de vivir y producir en el territorio.
Así, el caso de Trenque Lauquen y la red de comunidades del noroeste bonaerense permiten leer, en clave social, los efectos de un modelo productivo en transformación y, al mismo tiempo, visibilizar experiencias que apuestan a reconstruir vínculos, identidad y futuro en el mundo rural.
Fuente aquí
“Si los campesinos no tienen tierra se pone bajo amenaza la soberanía alimentaria” K. Garcia

Carlos Duarte integra el grupo de expertos de la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos Campesinos. Aporta una mirada que va de su país (Colombia) a lo regional y global. No tiene dudas de la importancia fundamental de la vida y producción campesina, pero también remarca las dificultades ante tres actores: las potencias globales, las corporaciones y la falta de apoyo de los estados nacionales. Y remarca una necesidad tan actual como postergada: la reforma agraria.
La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos (Undrop) es el instrumento legal internacional para la defensa de los derechos de los pueblos a sus territorios, semillas, agua y bosque. La Undrop (por sus siglas en inglés) fue construida e impulsada por La Vía Campesina durante casi dos décadas hasta ser aprobada en diciembre de 2018 por la Asamblea General de la ONU. Pasaron otros cinco años, octubre de 2023, hasta que el Consejo de Derechos Humanos estableció la creación de un Grupo de Trabajo —otro logro de La Vía Campesino para imponer una figura más amplia que la del “relator”— y, finalmente, en abril de 2024 se oficializaron los cinco expertos independientes para integrarlo, uno por cada continente. Carlos Duarte, profesor e investigador del Instituto de Estudios Interculturales Javeriana de Cali (Colombia) es el presidente-relator por América Latina.
Duarte se convirtió en el primer experto en representación de América Latina tras un extenso recorrido como asesor de organizaciones colombianas como el Coordinador Nacional Campesino (CNA), la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) y siendo parte de la gestión de conflictos territoriales para la Agencia Nacional de Tierras de Colombia.
Integró también la comisión de expertos que desarrolló el concepto de “campesinado” en Colombia, a partir del cual se crearon categorías de autoidentificación para el Instituto Nacional de Estadística, un hito reciente en un país con alrededor de 14 millones de campesinos, que no figuraban en los registros censales.
“Como grupo de trabajo nuestro mandato principal es promover la Declaración, acompañar a los Estados en la implementación y acompañar a la sociedad civil a promover sus derechos, a socializar la Declaración y a vigilar que no se cometan infracciones contra los sujetos de derecho”, explica Duarte. La norma tiene siete años y su implementación, con el respaldo del grupo de expertos, un año.
En América Latina solo Ecuador la incorporó con rango constitucional, mientras que países como Estados Unidos —donde personas alcanzadas por la declaración, como los trabajadores rurales migrantes, están siendo perseguidos— ni siquiera la respaldó en la votación de 2018.
El desafío del grupo de expertos también es grande frente a la oleada de gobiernos de derecha que niegan las instancias multilaterales —la Cancillería argentina no dio respuesta a la visita de Duarte—, por lo que el trabajo con las organizaciones campesinas y de la sociedad civil son fundamentales para el grupo al recibir denuncias sobre violaciones a los artículos de la Undrop y realizar manifestaciones ante los Estados. “Es importante que la sociedad conozca el procedimiento, conozca el grupo de trabajo y pues nos utilice”, convoca Duarte.
El experto señala que aún queda camino por recorrer y que la propia Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) todavía no utiliza la categoría de “campesino/campesina”, sujeto de derecho declamado en el artículo 1, sino la de “agricultura familiar” o “pequeño productor”, con la carga política que eso tiene.
Respecto de cómo llevar las declaración a los espacios de debate como la COP de Cambio Climático o Biodiversidad, Duarte indica la importancia de construir “un grupo de países, los llamados ‘Core Group’, que entiendan la importancia de la declaración y promuevan la discusión en las instancias multilaterales”.
Bolivia fue el país de América Latina que más impulsó la declaración —hoy en un cambio de gobierno tras 20 años del MAS—. Otros que la impulsan (o con los que se podría profundizar respaldos) son Colombia, Brasil y México. “Las empresas, como la sociedad civil, tampoco tienen un asiento directo en las tomas de decisiones multilaterales, pero sí tienen músculos de cabildeo mil veces más fuertes frente a los Estados que los grupos de trabajo. Finalmente, es una discusión de geopolítica internacional”, indica Duarte.
El lugar del campesinado
— ¿Quién tiene el poder sobre lo que comemos?
—Un breve bosquejo del sistema agroalimentario mundial, más o menos, nos indica que hay una gran dependencia de los granos, de las commodities en circuitos largos de producción. Es decir, procesos de transnacionalización de la producción de alimentos que funcionan tanto para asegurar los carbohidratos más básicos (arroz, trigo, maíz, soja) como también para la producción animal, la proteína animal proveniente del ganado vacuno, avícola y porcino que se alimentan de esas mismas commodities. Ese modelo depende, de manera muy fuerte, de circuitos largos de producción agroindustrial y masiva. Allí tenemos a los famosos “graneros del mundo”, que son Europa del Este, Brasil, Argentina. Y, en otro nivel, China y Estados Unidos, que tienen el dominio de esos alimentos fundamentales. El modelo del neoliberalismo y la transnacionalización hizo que las dietas alimentarias dependieran, cada vez más, de esas cadenas largas de suministro, a su vez, enraizadas en paquetes tecnológicos muy fuertes (con modificación genética y filogenética de semillas) y paquetes de agroinsumos asociados. Este es un modelo dominante de la alimentación en el mundo, determinado por los commodities, la exportación y el agronegocio. Pero lo importante es que no es el único.
—El otro modelo es el campesino…
—Hay una gran variedad de circuitos regionales cortos y locales de producción, comercialización y consumo, que, paradójicamente, tanto a nivel mundial como en América Latina son los que se echan al hombro la mayoría de la dieta alimentaria que se consume en el mercado interno. Estamos hablando de toda la producción de horticultura y de diferentes productos regionales que se consumen de forma local. La dinámica global nos muestra que la pequeña producción campesina, en menos de dos hectáreas, es responsable de cerca del 40 por ciento de los alimentos que se consumen en los países. Esa tasa varía de acuerdo a cada país, pero lo que es importante es que todavía, y creo que Argentina hace parte de eso, gran parte de los alimentos que se consumen están sustentados en esa pequeña producción.
—Por un lado hay explotaciones agropecuarias de menos de dos hectáreas que producen alrededor del 40 por ciento de los alimentos que abastecen al mercado interno. Al otro lado, está el modelo del agronegocio transgénico, que según los informes más actuales como el de “Los señores de la tierra”, publicado por FIAN, marcan que el 70 por ciento de las tierras cultivables están en manos del uno por ciento de los propietarios. Es un desequilibrio muy marcado.
—Sí. Lo que es importante marcar es que en ese 60 a 70 por ciento de alimentos que se producen a través de la agroindustria, hay una mixtura: hay agroindustria, producciones realizadas por firmas y corporaciones muy grandes, pero también hay agricultura familiar o producciones familiar de pocas hectáreas, un modelo que en Estados Unidos, Australia o Canadá se conoce como “farmer”, familias productoras que pueden tener entre 50, 200 y 500 hectáreas y lo trabajan con la fuerza de la familia, porque está absolutamente mecanizadas, con tractores y un montón de paquetes tecnológicos, que hace que 500 hectáreas las pueda desarrollar una familia. Entonces eso cabe dentro de agricultura familiar extensiva, pero no cabe dentro de pequeña producción, de menos de dos hectáreas. El anclaje de esa agricultura familiar extensiva y del agronegocio con los paquetes tecnológicos es muy fuerte. Y ese modelo amenaza el territorio de la pequeña producción.
—En ese punto, la Declaración de la ONU introduce el concepto de “campesinado” para marcar un sujeto de derecho que se diferencia de este concepto amplio de “agricultura familiar”…
—Es una discusión política porque campesinado es una concepción política. No es solamente una concepción primaria productiva, sino que tiene que ver con derechos colectivos, comunitarios, de un grupo de personas que viven en el campo, pero que también tienen manifestaciones culturales (como dice el artículo 27 de la declaración). Tienen territorialidades colectivas, justicia, etcétera. Al hablar de “agricultura familiar” parecería evidente, en gran parte de América Latina, que referimos al pequeño productor, pero en otros países estamos hablando de estructuras familiares con grandes propiedades. Por eso, la FAO ahora utiliza los conceptos de “agricultura familiar” y “pequeño productor”. Cuando utiliza esos términos no está hablando de lo “campesino”, porque solo se piensa en la importancia productiva de esas personas. No está reconociendo todo el conjunto de derechos que hay asociados. Es una diferencia fundamental. La genealogía de la palabra campesino tiene toda esa relación con los reformismos agrarios, con las construcciones de las identidades nacionales desde Asia hasta América Latina.
— ¿Qué diferencias marcaría en los procesos de distribución de la tierra entre Europa, África, Asia y América Latina?
—Los países de Asia y Europa del Este pasaron por procesos de reformas agrarias muy fuertes. América Latina también pasó por, digamos, reformismos agrarios en el siglo XX, pero que, lamentablemente, no afectaron a largo plazo la estructura de la propiedad de la tierra. En la región tenemos fenómenos de concentración de la tierra muy altos, en el índice de GINI están por encima del 0,8. Paraguay, Uruguay y Colombia son los tres países con coeficientes de Gini más críticos. En África hablamos de procesos de despojo y transnacionalización y extranjerización de tierras muy fuertes. Son diferentes problemáticas, asociadas a regiones diversas. En América Latina uno de los grandes problemas que tenemos es la informalidad en la tenencia de la tierra. Las tierras rurales sin título de propiedad están entre un 40 y 50 por ciento del total. Y eso hace que sean muy vulnerables a procesos de despojo. En los últimos años vemos procesos de desplazamiento por parte de las mismas autoridades nacionales que, en vez de formalizar la tierra a pequeños productores, los despojan para darle la tierra al agronegocio, por juzgar que tiene mayor poder de negocio. En otros lugares de América Latina esos despojos están impulsados por las gobernanzas criminales. Se trata de una informalidad a partir de la inequidad de la distribución.
— ¿Los Estados deberían primero avanzar en la formalización y luego en un reordenamiento de la tierra?
—El paradigma neoliberal instaló la idea de que las reformas agrarias ya no son necesarias, de que eso era algo del siglo XX, que ya habíamos pasado por ahí y que, en vez de hablar de reforma agraria, había que hablar de “ordenamiento territorial”. Eso se instaló entre las décadas de los ’90 y 2000 y coincidió con 15 años de afianzamiento de un modelo de agronegocio al que, por los encadenamientos productivos, no le importaba tanto la propiedad de la tierra sino la producción, que podía ser bajo alquiler de tierras, contratos u otras modalidades. El punto de inflexión fue la pandemia de Covid-19, la guerra en Ucrania y la crisis de los agroinsumos.
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