Por Victoria Pedrotta
Investigadora Independiente CONICET. Universidad Maimónides y Fundación Azara

Figura 1. Suertes de estancia sobre los arroyos Nievas y Tapalqué donde había tolderías hacia 1859 marcadas en amarillo sobre el “Plano del Partido y Arroyo Azul” del Sgto. J. Cornell
La población indígena pasó de unas 2.600 personas en la zona de Azul y Tapalqué, en 1832, a cerca de 6.000 “indios amigos” que conformaban la tribu de Catriel y sus caciques aliados durante las décadas de 1860 y 1870. Para entonces, las principales tolderías estaban situadas a dos leguas del pueblo de Azul, a ambos lados del camino al entonces campamento militar de Olavarría. Coincidentemente, mapas elaborados por agrimensores en 1872 muestran las tolderías entre los arroyos Azul y Tapalqué, con caminos que conectaban estas áreas. En 1874-1875, el padre Jorge María Salvaire documentó que la tribu se ubicaba en las orillas del arroyo Nievas y, gracias al vocabulario recabado por este misionero se sabe que el nombre indígena de dicho arroyo era Tholtho-leufú, que significa “arroyo de los cardos”.

Expansión del Estado y la política de desplazamiento
La fundación de Colonia Olavarría
Tras el éxodo de los “indios amigos”, el Estado promovió la colonización de las tierras de la zona de Olavarría con inmigrantes europeos, principalmente de origen ruso-alemán. Este proceso, que tuvo como marco la Ley 817 de 1877, comenzó al año siguiente una primera etapa mediante la creación de tres aldeas con aproximadamente 230 personas, a quienes se entregaron las tierras del arroyo Nievas, fragmentadas en chacras de 47.24 hectáreas. Cada familia recibió dos chacras, materiales para construir viviendas, animales, útiles agrícolas, semillas y otros recursos.
Figura 3. Comparación entre las tolderías, las suertes del Azul y las chacras, en base al Plano del Sgto. J. Cornell (1859) y "Plano del Ejido de Olavarría (1899)” (tomado de Duguine 2011)

Esta colonización fue una experiencia singular de co-gestión entre los gobiernos nacional y provincial. Sin duda, la llegada de inmigrantes ruso-alemanes transformó el paisaje y la economía local, promoviendo la agricultura y el reemplazo de la delimitación natural del territorio indígena por un ordenamiento basado en el patrón agrícola de las chacras. También, la colonización aumentó la intensidad del uso del espacio y generó tensiones por la distribución de parcelas.
Arqueología en la cuenca del arroyo Nievas
Las investigaciones arqueológicas en la zona han documentado restos de las tolderías indígenas del siglo XIX, aportando información sobre su modo de vida y relaciones sociales. El sitio arqueológico Arroyo Nievas 2, contiene restos de fauna que indican consumo de animales domésticos (ovejas, vacas, caballos y cerdos) y autóctonos (venados, peludos y vizcachas). Se hallaron evidencias de obtención de cuero de caballos y vacunos, que eran usados para hacer manufacturas de alto valor de intercambio, como sogas y riendas. Además, se identificaron instrumentos de piedra para trabajar pieles y cueros.
Otros materiales, como vajilla, utensilios de cocina, botellas de vidrio y cerámica de origen europeo, reflejan el intercambio y consumo de bebidas alcohólicas. También encontraron efectos personales, como botones, pipas, cuentas y productos farmacéuticos, que muestran prácticas sociales, económicas y culturales de las comunidades indígenas. En especial, la presencia de bienes europeos evidencia redes de interacción y comercio entre indígenas y criollos.
Figura 4. Excavación del sitio arqueológico Arroyo Nievas 2




